A quienes quiero ver presos

Yo, como todos los seres humanos, tengo deseos. Pero mi deseo no es la búsqueda de algo caprichoso, más bien es sobre algo justo, de una base sólida.

Los quiero ver presos, pero no es un capricho. Lo correcto sería decir que ellos merecen estar presos. Mi demanda es justa aunque pareciera que carece de aprobación popular.

Estoy seguro que ‘hacer trizas el acuerdo de paz’ no beneficia en absolutamente nada a la población rural Colombiana. Dependiendo la condición social, las personas hemos tenido que pagar un precio obligado por la operación de las FARC. Caso similar al precio que tenemos que pagar por las supuestas garantías y derechos que nos ofrece ‘gratuitamente’ el estado.

Para la mayoría de personas entender la ideología de los ex-FARC es difícil. La mayoría de ciudadanos vimos a las FARC como un grupo de bandidos. Y es que las FARC fueron/(son?) malos, según la opinión de muchas personas inocentes y humildes, y también de indígenas. Es entendible que algunos les hierva la sangre de verlos en el Congreso.

Muchas personas creen que los deseos se hacen realidad. Mi deseo es que a todas las personas se les respete el derecho a la dignidad y a un trato judicial justo.

El trato judicial justo también incluye recibir la pena de acuerdo a la infracción cometida sin ofrecer privilegios ni desventajas a individuos particulares.

Los miembros de las FARC no han cumplido las condiciones del acuerdo de paz. Por ejemplo, no han aportado verdad a la JEP, tampoco han entregado verdad y reparación a las víctimas. Con sonrisas bonachonas se sientan al lado de los, tristemente, genuinos representantes de lo que nuestra sociedad fue.

Los pillos y bandidos sedientos de poder, dejaron de comandar ejércitos de delincuentes sedientos de supervivencia en la selva Colombiana, para unirse a el grupo de bandidos del Congreso.

Dependiendo de si encontramos razonable la religión, estaríamos de acuerdo con que la religión es el oprobio del pueblo. Sin embargo, en este país no hay religioso, ateo, agnóstico, sabio, ni ignorante que no esté de acuerdo con que el Congreso es el oprobio del pueblo.

Inclusive llamar bandidos a los Congresistas es tenerlos en buena honra. Lo único que es posible reconocerles es que, por lo menos de labios, dignifican los símbolos de esta nación.

A pesar de dignificar los símbolos de esta nación, pisotean la dignidad de todos los Colombianos; nos provocan una ira inaplacable cuando se suben maliciosamente el sueldo en medio de una situación de emergencia económica y social para millares de Colombianos.

No contentos con eso, permitieron que se entregara dinero gratuito a los bancos. Lograron que se desvalorizara el fruto de nuestro trabajo, y maliciosamente intentan realizar el ajuste salarial para sí mismos. Ahora quieren hacernos pagar a esta y a la siguiente generación el precio del bienestar que se robaron.

Por eso, y muchas razones más, varios de los Congresistas (incluidos los de las FARC) merecen estar presos. Sin embargo, me conformo con que los bandidos de las FARC comiencen a permanecer presos.

— Para comenzar a tener justicia para todos.

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